lunes, 17 de diciembre de 2012

El frasco.

Ya casi acaba la luz, dentro de poco se consume lo que quedaba de una estela que deje ya hace tiempo, el frasco de dudas rueda sobre la mesa y salta por las escaleras sin romperse, ya no se quiebran los cristales de mi alma, tal parece que hoy ya no soy yo.

Después de mil luchas en que su cuerpo revolcaba mi santuario, temo el día en que me vuelva eterno y sin destino, dulce y sin frío ya que la última soledad fue la que me llevo al fino tacto en mis últimas letras, tal parece mi destino fue sufrir, fue querer morir...

Rueda el frasco de mis días, pronto se termina el ayuno y ya no vuelvo más al silencio, todo término, quizá coral regreso y yo sin ya saberlo, con otra cara y otro nombre sin dejar rastro alguno más que las huellas de su signo en Neptuno, hoy se sufre lo  vivido y se llora lo no escrito, hoy entinto ya mis dedos que con ellos nuevamente escribo.